martes, 24 de marzo de 2026

✉️ Carta para Fabricio


Fabricio,

Quería dejarte estas líneas después de lo que me compartiste anoche. Ese videíto tuyo, ahí en un parque de Córdoba, practicando movimientos de kendo con un palo cualquiera, me sorprendió de una manera que todavía estoy procesando. No por lo marcial en sí, sino por lo que dejaba ver: concentración, silencio, una especie de disciplina íntima que no necesita escenario.

Vos mismo me dijiste: “Mi vida es tranquila, silenciosa y abocada a Dios.”
Y ahí entendí algo que vengo observando hace tiempo: que no todos los hombres de cuarenta están en esa carrera enajenada por “lo que hay que buscar”. Algunos —como vos— llegan antes a una forma de sabiduría que otros recién alcanzamos cuando el cuerpo baja un cambio y los deseos se aquietan.

También sé de tu accidente, de las secuelas, de la lucha larga que vino después. Y, sin embargo, ahí estabas: firme, presente, moviendo ese palo como si fuera una extensión natural de tu respiración. Vulnerable, sí. Pero fuerte de una manera que no hace ruido.

Hoy fuiste uno de los que me saludó por mi cumpleaños, a mí me quedaba una porción generosa de torta, ayer nos habíamos visto en el bar la Marvic, estabas tomando una merienda como a vos te gusta y yo debí irme de inmediato dado que estaba de trámites, aunque fui recordando que nos conocimos hacía meses en una de mis noctambuleadas por la Estación de Servicio Axion, cuando tenía el Shop las 24 hs. Fue así que me dije: ¡lo invito a comer la torta que queda con un café! Asi lo hice y él presto, llegó en tan solo 10 minutos, compartimos una nueva y excelente conversación presencial y también pasaste a conformar potencialmente el grupo de mis otros contertulianos presenciales con los que nos reunimos periódicamente, aunque no demasiado seguido, y esto de la presencia es para todos nosotros un auténtico gusto, mucho mayor que el de los sociales virtuales.

Por eso linkeé ese video como un pequeño homenaje. Porque en mi entorno hay varios guerreros silenciosos, y vos acabás de sumarte a esa constelación de samuráis meditativos que aparecen sin anunciarse.

Abrazo grande, Fabricio.
Y bienvenido a Alippi García & Cía. Innovaciones: acá valoramos a los que caminan sin estridencias.



lunes, 2 de marzo de 2026

Carta para Aharon Lee, mi técnico abanderado, nieto putativo junto a Lurfecita

 


Post para Vulnerables fuertes

(modo carta, vos hacia él, como 5To testigo)

Aharon Lee, mi técnico abanderado, nieto putativo junto a Lurfecita

Aharon, te escribo desde este lugar donde los vulnerables fuertes se reconocen entre sí. Vos, con tu hiper-atención que no es trastorno sino modo de existencia: presencia plena hasta que el mundo se apaga y queda solo el foco, la máquina, la tarea. Esa forma tuya de trabajar mientras conversás conmigo, sin perder ni el hilo ni la calma, es una fortaleza rara, de las que no hacen ruido.

Te vi moverte entre cables, diagnósticos y decisiones con una serenidad que no suele verse en quienes tuvieron que crecer rápido. Te ofreciste a vender la vieja CPU de Lucía sin drama, sin inflación emocional, con la ética simple del que sabe hacer y cumple. Te serví agua en copa de cristal y la aceptaste como si fuera lo más natural del mundo: eso también es fuerza, la de quien no se asusta ante la hospitalidad adulta.

Hoy quedás registrado como mi técnico abanderado, nieto putativo junto a Lurfecita, no por necesidad sino por mérito. Por tu modo de estar, por tu modo de trabajar, por tu modo de recibir un abrazo solemne sin temblar. Sos el 5To testigo de esta serie: uno de los que sostienen su vulnerabilidad como un músculo, no como una herida.



Carta al Juanse — Sobre los vulnerables fuertes

Querido Juanse: Hoy quiero dejar por escrito algo que te dije en un mensaje, pero que merece un lugar más digno que un chat perdido entre no...