jueves, 11 de junio de 2026

Cuando una canceriana se vuelve fuerte

 


Hay mujeres que se dicen a sí mismas que no son vulnerables, incluso cuando están atravesando una depresión.
Y eso, lejos de negar su dolor, es el primer gesto de fortaleza.

Ella —una canceriana con tanto Virgo en su naturaleza— carga una sensibilidad profunda y una autoexigencia que a veces se vuelve cruel.
Cuando no cumple con sus propias expectativas, su autoestima se resiente.
Y ese resentimiento no nació hoy: viene de años atrás, de aquel episodio adolescente que guardó en secreto y que todavía late como una herida antigua.

Pero hoy está dando un paso distinto.
Hoy se está convirtiendo en una de las nuestras: una Vulnerable Fuerte.

Encabezo un grupo de personas que entendimos que expresar, sentir y compartir nuestras vulnerabilidades no nos hace débiles.
Nos hace más fuertes que muchos “fuertes” que viven sin sentido, atrapados en el ruido del estrés laboral, familiar o existencial.

Permitirse mostrar la vulnerabilidad es un símbolo de fortaleza.
Porque uno puede ser sí mismo sin esconderse.
Y cuando el fuerte vulnerable empieza a abrirse, tiene que psicoeducar a su entorno cercano —no a todos, solo a los que están en las buenas y en las malas.
A los que saben escuchar, a los que pueden contener aunque no siempre.

La depresión se trata con psicofármacos, sí, entre los remedios más eficaces.
Pero el alma se sana con terapias holísticas, con arte, con palabra, con ritual, con amor.
Por eso prefiero decir complementarias y no alternativas: la medicina oficial cura el cuerpo y la mente; las otras ayudan a sanar el alma.

Y cuando una mujer sensible, exigente y luminosa como ella se permite decir “no soy vulnerable”, pero se abre igual, ahí nace la verdadera fuerza.
La fuerza de los vulnerables que eligieron no esconderse más.



miércoles, 3 de junio de 2026

Sobre el instante en que una mirada te cambia el eje


Hay días en que uno se despierta con la sensación de que algo se movió adentro.
No es un pensamiento, no es un plan, no es una decisión.
Es un desplazamiento interno, casi imperceptible, pero real.

A veces ese movimiento nace de una mirada.
Una mirada que no esquiva, que no baja, que no pide permiso.
Una mirada que te sostiene y te obliga a revisar la tuya.
Una mirada que te recuerda que todavía hay fuego, que todavía hay vida, que todavía hay deseo.

No hablo de romance ni de destino.
Hablo de presencia.
De ese raro momento en que otra persona te muestra, sin decirlo, que te ve.
Y que vos, sin quererlo, también la ves.

Hay encuentros que no son buscados.
Son revelaciones.
Pequeñas epifanías que te dicen que no todo está dicho, que no todo está cerrado, que no todo está terminado.

A veces la vida te pone enfrente a alguien que te despierta.
Y uno, que ya ha vivido lo suficiente, reconoce ese despertar.
Lo honra.
Lo agradece.
Y lo deja ser.

Porque no siempre se trata de avanzar.
A veces se trata simplemente de reconocer.

Reconocer que algo se encendió.
Reconocer que uno sigue siendo capaz de sentir.
Reconocer que el mundo todavía guarda sorpresas.
Reconocer que hay miradas que te reordenan el alma.

Y que eso, por sí solo, ya es un regalo.


Cuando una canceriana se vuelve fuerte

  Hay mujeres que se dicen a sí mismas que no son vulnerables, incluso cuando están atravesando una depresión. Y eso, lejos de negar su dolo...