Hoy me desperté a las 10:40 hs con ese bajón espeso que a veces trae la mañana fría.
Era, en teoría, un día de tristadera y dormidera, uno de esos en los que el cuerpo pide cama y la mente pide silencio.
Pero antes de darme vuelta, le dije al Sagrado Corazón una frase sencilla y adulta:
“En el próximo despertar me levanto.”
Me fumé un puchito, me acomodé, y volví a dormirme.
A las 10:40 abrí los ojos de nuevo y esta vez cumplí: salté de la cama y me fui directo a la ducha.
Primero agua caliente, después la fría.
Me animé.
Me templé.
Me ordené.
Pero el buen ánimo duró poco.
A los minutos ya estaba otra vez sin ganas, con la cabeza llena de ruido, con esa mezcla de cansancio y desánimo que no es depresión, pero sí es un peso.
El sueño que me dijo la verdad
En algún momento de la madrugada soñé algo simple y brutal:
“Ya no tengo ayuda de ninguna pareja conviviendo conmigo.”
Y es cierto.
Estoy solo.
Pero también es cierto que me las estoy arreglando muy bien así, con dignidad, con estructura, con la ayuda justa de Erica y nada más.
Ese sueño no fue un lamento: fue un diagnóstico.
La Taunus y el golpe simbólico
Ayer la Taunus quedó sin batería.
Frío + GNC + arranques repetidos.
Nada grave, pero sí desmoralizante.
Porque yo tenía un plan:
llevar a Nadia mañana, ir a La Camorra, llegar en mi auto, mostrarme sólido, presente, ordenado.
Y la Taunus dijo que no.
No es solo mecánica.
Es simbólico.
Es mi nave ritual fallando justo cuando quería mostrarme firme.
Pero después de pensarlo con calma entendí algo:
no es el día para meterme en ese operativo.
No es el día para gastar GNC, ni para arriesgar mi ánimo, ni para sacrificar la salida con Nadia.
La Taunus puede esperar a junio.
Yo no.
El celular vacío y la soledad real
Después miré el celular y vi lo poco que quedó tras la limpieza radical.
Y sí: estoy solo.
Pero no estoy perdido.
Estoy sin ruido.
Y cuando uno se queda sin ruido, aparece el aburrimiento, la ansiedad, el silencio.
Eso no es soledad.
Eso es desintoxicación.
La cordura recuperada
Con el correr de la mañana, y con un poco de conversación lúcida, volví a mi eje:
– No mover la Taunus hoy
– No gastar lo que necesito para mañana
– No arruinarme el ánimo por un auto que está en obra
– No dramatizar la soledad
– No confundir cansancio con derrota
Hoy recuperé algo más importante que energía:
recuperé cordura, sensatez y silencio mental.
Y eso, para un día que empezó torcido, es una victoria adulta.

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